El desayuno fue muy bueno. La habitación era lo suficientemente grande. La vista desde la ventana también es muy bonita. Por cierto, la casa en sí es muy bonita. La joven pareja que dirige (¿propio?, ¿administra?) el hotel fue muy servicial y agradable.
Las seis gruesas aletas del calentador estaban tan calientes que era casi imposible tocarlas, pero no podían llevar la habitación a una temperatura realmente cómoda. En términos generales: el período de transición es un poco problemático en los hoteles franceses.